PORTFOLIO | JAVIER COSGROVE
PARQUE AUTOSUSTENTABLE ANDACOLLO, CHILE
Proyecto Título de Arquitectura 2025
U. Andrés Bello UNAB

ABSTRACT
Parque autosustentable Andacollo
Chile, país minero por excelencia, ha cimentado gran parte de su desarrollo económico en la explotación de sus recursos minerales. Sin embargo, esto ha traído consigo una profunda herida territorial: la contaminación de suelos producto de la acumulación de relaves, desechos tóxicos derivados de los procesos de extracción minera. Hoy existen más de 700 depósitos de relaves identificados a lo largo del país, concentrados principalmente en las zonas norte y centro-norte. Muchos de estos yacimientos son antiguos, abandonados y altamente contaminantes, lo que representa una amenaza permanente para la salud humana y el medio ambiente. Este fenómeno ha dado origen a ciudades mineras temporales, las cuales aparecen y desaparecen según los ciclos del mineral, dejando tras de sí ruinas industriales, territorios tóxicos y comunidades fragmentadas.
El presente proyecto busca transformar un área de relaves con más de 70 años de antigüedad que ha contaminado por años la comuna de Andacollo, región de Coquimbo. Se propone un parque de remediación ambiental y conciencia territorial, donde la arquitectura y el paisaje actúan como agentes activos en la regeneración del suelo, el agua y la memoria. A través de un sistema estructural de riego y estaciones de bioremediación de suelos, se desarrolla una infraestructura capaz de remediar y crear paisaje. El proyecto articula un recorrido remediativo, sustentable y capaz de forestar el área del relave que ha permanecido contaminada por más de 70 años.Para esto el diseño integra técnicas de biorremediación (microorganismos que degradan metales pesados), fitoremediación (especies vegetales que absorben contaminantes) y un sistema de recuperación de aguas, permitiendo reutilizar el agua presente en el relave generando así un uso circular.
El proyecto se presenta como una oportunidad para cuestionar y tomar conciencia sobre la actividad económica más importante del país como lo es la minería, en donde se denuncia la falta de responsabilidad de las faenas mineras frente a los residuos que dejan atrás, generando pasivos ambientales que se repiten en todo el país. Cuestionar las políticas urbanas, en donde se siguen desarrollando proyectos públicos en zonas contaminadas sin considerar los riesgos para la salud y el medio ambiente.
La propuesta reivindica el habitar de la ruina como espacio de sanación, memoria y aprendizaje. Donde antes hubo abandono y toxicidad, hoy se proyecta un parque sustentable que repara, educa y activa una nueva conciencia sobre el territorio, donde a su vez devuelve el ecosistema local y marcando un precedente para el tratamiento de relaves en Chile y el rol de la arquitectura en la reparación ambiental.
La primera etapa se basa en el proceso constructivo que marca el comienzo el proyecto, este responde a necesidades técnicas donde se hace una lectura profunda del lugar y su condición. La intervención comienza con la construcción de muros de contención en torno a los relaves, elementos fundamentales para estabilizar el terreno, controlar riesgos de colapso y definir una primera capa de orden sobre el área irregular.
Se lleva a cabo la determinación de los límites proyectuales, estableciendo con precisión los bordes del área de acción: un gesto fundacional que define hasta dónde se intervendrá, qué se preserva y qué se transforma. Esta definición permite operar con claridad espacial y operativa a lo largo del proyecto. A esto se suma la nivelación del terreno en sectores estratégicos, acción necesaria para generar plataformas constructivas, facilitar el drenaje controlado y preparar zonas destinadas a la remediación. Finalmente, la etapa contempla procesos de extracción selectiva de material contaminado o reutilizable, lo que permite reconfigurar el sitio desde una lógica de aprovechamiento y regeneración.
Recorrido Cyan
Nivel 2
Recorrido del segundo nivel, situado a una altura de 4 metros sobre el terreno. Este nivel se concibe como un espacio público abierto a todo usuario, convirtiéndose en un nuevo lugar de encuentro, contemplación y reflexión en un área históricamente inaccesible y contaminada. A diferencia del nivel inferior, destinado a labores técnicas, este recorrido no tiene contacto directo con el relave; más bien, lo bordea, lo observa y lo resignifica desde la distancia. Aquí, el proyecto propone una experiencia sensorial y crítica: caminar sobre la ruina, habitar el vacío, y cuestionar los impactos de la actividad extractiva que marcó el paisaje durante más de 70 años.
El recorrido peatonal está conformado por una plataforma continua que conecta distintos puntos del proyecto, nuevos espacios públicos en su perimetro.
Este nivel también integra el recorrido del agua recuperada de los relaves —representado en color cyan— . Estas aguas, originalmente contaminadas por metales pesados, han sido tratadas y filtradas, y ahora circulan a través de delgadas tuberías de acero galvanizado ubicadas en altura. Desde estas estructuras se realiza un sistema de riego por aspersión, destinado a la forestación futura y al mantenimiento de aguas. Así, el segundo nivel articula la dimensión pública del proyecto con la regeneración ecológica, invitando al visitante a ser testigo activo de un proceso de sanación ambiental.
Recorrido Magenta
Nivel 1
La tercera etapa del proyecto se centra en el diseño y representación de los recorridos del primer nivel, entendidos no solo como trayectos funcionales, sino como parte del sistema operativo que articula y realiza traspaso de recursos. Este nivel está destinado exclusivamente a usuarios encargados de la mantención y supervisión del sistema de maquinaria y dispositivos de remediación. Por ello, el recorrido peatonal se despliega de manera lineal y continua, asegurando el acceso eficiente a los puntos críticos del proyecto, sin interferir con las capas superiores donde se desarrolla el paisaje accesible al público.
Simultáneamente, en este nivel también se visualiza —representado en color magenta— el recorrido interno de los microorganismos utilizados en los procesos de biorremediación. Estos se movilizan a través de un sistema de tuberías de acero galvanizado que recorre todo el proyecto, vinculando zonas de tratamiento, inyección y monitoreo. Esta doble circulación —humana y biológica— revela la complejidad del sistema, donde infraestructura, ecología y arquitectura se entrelazan en una lógica de operación continua y regenerativa.
La etapa de Captación marca el inicio del proceso activo de remediación del relave, una vez finalizada la construcción de las pasarelas y del sistema estructural que organiza el recorrido público y técnico del proyecto. En este punto, se introduce maquinaria especializada como bombas de vacío y ciclones, dispositivos clave en la aplicación de la bioremediación. Estas máquinas se ubican en lo alto del relave, sin interferir ni tocar las estructuras de pasarelas ya construidas, manteniendo la autonomía del sistema arquitectónico y permitiendo una convivencia operativa entre infraestructura y paisaje.
Esta maquinaria conforma un paisaje industrial temporal, en constante movimiento. A medida que avanzan sobre el relave, generan zonas de captación donde se extrae el lodo contaminado. El proceso separa mecánicamente las aguas saturadas de metales pesados y las arenas minerales, iniciando una transformación progresiva del sitio. Las aguas captadas son redirigidas hacia el sistema del proyecto —representado en niveles anteriores— para ser tratadas y utilizadas en el futuro para riego y forestación. Las arenas, por su parte, son reintegradas al mismo relave, generando una nueva topografía.
Esta etapa no solo es operativa, sino también simbólica: evidencia la acción directa sobre el daño, visibiliza el proceso de limpieza y resignifica la ruina industrial como un sistema dinámico que se transforma desde dentro. La arquitectura ya no es solo soporte, sino testigo y marco de una sanación en marcha.
La etapa final del proyecto representa la culminación de un proceso de reparación territorial donde infraestructura, tecnología y ecología han trabajado en conjunto. En este punto, la maquinaria móvil dedicada a la captación y remediación del relave finaliza su labor y se retira del sitio, dejando como única presencia física la infraestructura fija: el sistema de pasarelas y tuberías que, durante todo el proceso, se mantuvo activo e inyectando microorganismos para la biorremediación del suelo.
Ambos sistemas —la maquinaria temporal y la infraestructura permanente— operaron de manera simultánea. Mientras las máquinas extraían lodo, separaban aguas contaminadas y transformaban la topografía del relave, la red de tuberías galvanizadas distribuía microorganismos capaces de degradar los metales pesados presentes en el suelo. Esta interacción permitió que, con el paso del tiempo, el terreno dejara de ser un cuerpo tóxico para convertirse en un suelo fértil, capaz de sustentar vida nuevamente.
Es aquí donde se activa la fitorremediación y comienza la forestación del área con especies vegetales nativas cuidadosamente seleccionadas. Esta nueva capa vegetal no solo cumple una función ecológica, sino también simbólica y social: evidencia que el territorio está sano, que el paisaje se ha regenerado, y que es posible habitar el rastro industrial desde una lógica de reparación. La infraestructura queda como testigo de este proceso, convertida en paisaje educativo, memorial y consciente.



